miércoles, 20 de septiembre de 2017

Consuelo de Madre

Mamita María:

Hijo, escribe, no tengas miedo. Sé que el rechazo de las personas ha llegado a lastimarte a tal punto que sientes que decir cualquier cosa de Dios te va a llevar un perjuicio. Las cosas de Dios son así, nunca son fáciles, nos pulen como a un diamante en bruto y nos exigen renuncias cada vez mayores, a veces renuncias que superan nuestra humanidad.

Te he motivado a escribir porque quiero darte mis consuelos maternales. Por fuera estás bien, pero dentro todavía guardas dolor. Confía en Mi Hijo, Él nunca va a dejarte cargas que sean mayores a lo que puedes soportar y cuando estas superan tus propias fuerzas, envía el Espíritu Santo a socorrerte. Suelta dolores y preocupaciones, incluso las preocupaciones de la vida diaria que para otras personas son normales. Tú tienes a Dios que te ampara y te sostiene, otros muchos no.

Dirán, ¿no es Dios de todas las personas? Sí hijitos, sí lo es. Pero el hombre el voluntad propia le cierra la puerta y pone muchos otros falsos dioses en el lugar que a Mi Hijo corresponde. Me preguntas por qué no digo Dios sino Mi Hijo, lo digo porque en el Hijo está el Padre y en el Padre y el Hijo está el Espíritu.

Si no te buscan no respondas, no está bien hablar cuando nadie ha pedido nuestra opinión. Un árbol no tuerce su copa para dar los frutos a las personas, estos llegan al piso o las mismas personas son las que los bajan del árbol. Si no te han buscado hasta el momento, esto tiene una razón. Haz memoria a lo que te dijo una hija mía: "siendo María Reina y quien más poseía los dones del Espíritu Santo, ella guardaba silencio". Y yo guardaba silencio porque pocas almas deseaban oír lo que Dios en mí depositaba. Con gusto hubiera dado mis palabras de Cielo a las personas que me las pidieran, cuán feliz estaba siempre de ayudar a Mi Hijo.

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